Bio

// El camino del corazón

A lo largo de los años, el trabajo de Inés Civile ha recorrido un sendero de transformación que va desde el realismo figurativo hacia territorios más porosos, en los cuales las formas tienden a la abstracción sin abandonar del todo su raíz humana. Sus esculturas —de líneas elegantes y una partitura de movimientos precisa— evocan tanto la singularidad del cuerpo como la universalidad de una experiencia: la de reconocerse en lo otro, la de encontrar en la materia un espejo del mundo interior.

Las campanas son protagonistas de su producción reciente. Pero para la artista, la campana es mucho más que un instrumento. Es un cuerpo. Un cuerpo suspendido entre el cielo y la tierra, umbral de lo sagrado, cuya voz de bronce no solo atraviesa el aire, sino que penetra la piel, la sensibilidad y la memoria. Existe un antes y un después de cada campanada. En ese espacio intermedio entre el silencio y el sonido habitan la vida y la muerte, lo íntimo y lo universal, el dolor y la celebración. 

Lo que distingue a Civile en el panorama de la escultura es la incorporación del sonido como material expresivo fundamental. Sus piezas no solo se ven: también se escuchan. El sonido es sustancia, es arquitectura invisible que envuelve al espectador y lo invita a una experiencia sensorial plena. Ritual, contemplativa y conmovedora, la dimensión sonora de estos trabajos establece un puente entre el arte y la exploración interior, transfigurando la percepción del tiempo y del espacio. En un tiempo saturado de imágenes y ruido, la obra de Inés Civile plantea un acto de resistencia: nos convoca a detenernos, a percibir el peso y la fragilidad de nuestra propia existencia, a experimentar que el cuerpo propio y el ajeno, el humano y el sonoro, están en permanente transmutación y renacimiento.

Rodrigo Alonso